FAMILIA POR CASUALIDAD: Una nueva oportunidad.

 

 

FOTO 1. Don Sacramento-Facebook “Las Elodias”

Por Fernanda Menéndez y Laura Sepúlveda

“Mi esposa tenía este mismo nombre, Elodia y en Las Elodias estoy” expreso Sacramento Gómez, quien después de haber perdido a su mujer tuvo una vida dura hasta que decidió acercarse a los asilos, entre ellos está el asilo Las Elodias donde lo han acogido por más de 4 años.
En Las Elodias las personas que ingresan lo hacen por diferentes razones, algunas de ellas según la página de Salud180 es porque los familiares no tienen tiempo para cuidarlos, no pueden atender su enfermedad o simplemente no tienen la capacitación para cubrir todas las necesidades y brindar las atenciones adecuadas. Pero en la mayoría de los casos se refleja que la pérdida de la familia es una de las principales causas por las que los abuelos deciden ingresar a un asilo, algunos ellos con apoyo del DIF
La creación de un nuevo hogar
El asilo fue fundado el 8 de Enero del 2010 por Margarita Basurto. Hoy a poco más de 7 años de su apertura, tiene como director a Enrique Barberena, que en conjunto con la profesora Basurto, un grupo de enfermeras voluntarias, cocineras y personal de limpieza se encargan de cubrir las necesidades básicas de los adultos mayores provenientes de las calles, del DIF y de familias que no pueden ofrecerles el cuidado necesario por distintas cuestiones.
Los encargados del asilo Las Elodias aparte de atender las necesidades de cada uno de los abuelitos, también se hacen cargo de la documentación y los procesos que se llevan a cabo cuando uno de sus integrantes fallece.
La directora Basurto comentó que la pérdida de alguno de los abuelitos es muy dolorosa para todos, así que procuran ser lo más discretos posibles. Cuando ingresa alguien nuevo al asilo, dentro de los cuidados se incluye el que la institución se haga cargo de ellos ante cualquier circunstancia. Margarita Basurto comenta que pasa casi todo el día en aquel lugar y que incluso asiste con un tanatologo para poder sobrellevar estas pérdidas.
Es por eso que la misión de este asilo es darle un espacio seguro a los abuelitos donde sean atendidos en todo aspecto en esta última etapa de su vida, dándoles felicidad y tranquilidad, Considero que en este lugar lo tengo todo, comida, mi cuarto, mis cosas y mis libros comentó Jorge Gómez, quien llegó a Las Elodias hace cuatro años.

El asilo cuenta con una capacidad de hasta 40 personas, pero en la actualidad solo residen 32 abuelos. El lugar cuenta con 3 cabañas, una para mujeres y dos para hombres, las cabañas se dividen en habitaciones con espacio necesario para dos o tres personas; entre estas personas se encuentra Don Sacramento, un hombre que desde su niñez perdió la movilidad de sus piernas y que actualmente convive con otras personas dentro de Las Elodias.

Sacramento en las Elodias

Sacramento Gómez, nació en el año 1935 en el pueblo Aguilillas ubicado en Michoacán.
En ese tiempo la vida era muy dura, y sus padres trabajaban todo el tiempo, así que sus dos hermanas mayores tuvieron que cuidar de él desde que era muy pequeño. Cuando Sacramento tenía apenas cuatro años de edad, pescó un resfriado y la responsabilidad de sus hermanas era curarlo, así que prepararon un cazo con agua y unas hierbas, cuando este hirvió, lo metieron dentro de la mezcla que adquirió una tonalidad verdosa.
Luego del baño caliente lo colocaron en su petate para que guardara reposo y se repusiera pronto de aquel resfriado, pero el niño ignoró las indicaciones de sus cuidadoras y aprovecho cuando salieron a merendar para poder salirse a jugar un rato.
A poca distancia de su casa se atravesaba una zanja de agua que llamo la atención del pequeño Sacramento, así que decidió meterse a nadar en ella. Cuando sus hermanas se percataron de lo que el niño hacía, fueron a sacarlo y lo llevaron nuevamente a su casa.
Al otro día Sacramento no pudo levantarse de la cama, pues sus piernas no le respondían, pero eso no lo detuvo y se arrastró por la casa; con el paso de los años la piel de su pecho, manos y brazos había engrosado de manera considerable, permitiéndole moverse en el campo.
Cuando ya tenía 17 años de edad, su padre le llevo una especie de muletas, que con un poco de tiempo y esfuerzo le permitieron ponerse en pie y recuperar una parte mínima de su movilidad; tiempo después ya se encontraba trabajando en el campo, donde cultivaban verduras como la zanahoria, y otros vegetales.
Su empleo en el campo le permitió comprarse un buen caballo que él describía como fiel, pues aparte de ser uno de los más hermosos, éste le avisaba con el simple acto de mover las orejas cuando sus hermanas eran cortejadas. Él cuenta con una sonrisa en el rostro que echaba a andar a su caballo y se llevaba entre las patas a estos hombres y a sus hermanas.
Sacramento advirtió a su madre que no toleraría a sus nueros, y que si ponía mano en el Cristo, como llamaba al arma de fuego que portaba en el cinturón, terminaría en la cárcel desde muy joven y aquella idea era lo único que lo detenía. Fue esta la razón por la que el señor Gómez decidió abandonar a su familia.
Llegó a la ciudad de México en 1968, el día que Ordaz fue nombrado Presidente de la República. La ciudad era completamente desconocida para él, pues había pasado toda su vida en el campo, pero esto no le impidió seguir adelante y en poco tiempo comenzó a trabajar en el jardín de la Diana ubicado en Tlalnepantla, como aseador de calzado.
Cerca de aquel lugar conoció a la señora Elodia, que se convertiría en su compañera de vida. Don Sacramento quería tener hijos y le decía a su esposa que tuvieran uno, pero esto nunca fue posible, La nuez me salió vana” comentó entre risas haciendo referencia a que él no era fértil.

“Mi mujer se llamaba Elodia, y en las Elodias estoy”

Luego de aproximadamente diez años de haber perdido a su mujer y quedarse prácticamente sin familia, el señor Sacramento Gómez ya ha estado en un total de dos asilos, el primero ubicado en Atizapán, donde estuvo durante tres años hasta que el asilo cerró y desde hace cuatro años viviendo en “Las Elodias”
Después de sus primeras experiencias dentro de un asilo dejó de lamentarse por no haber procreado con su esposa, pues pasa los días sin preocuparse por el bienestar de unos hijos, si tienen que comer o un techo donde vivir. En cambio se dedica a platicar con algunos de sus compañeros y de disfrutar cada día como le sea posible.
El DIF de Tlalnepantla se ha encargado desde el principio de Sacramento y lo sigue haciendo hasta la fecha, pues le proporcionan todo lo que necesita, se encargaron de llevarlo una vez al mes al hospital Juárez, junto con sus compañeros de las Elodias que corren con la suerte de ser procurados por el DIF, por lo cual él se considera como “El hombre más feliz dentro del Asilo”.
El haber abandonado a su familia cuando era joven y haber perdido a su compañera de vida, fueron situaciones que lo llevaron a la soledad, sin embargo, corrió con la suerte de encontrar una nueva familia en “Las Elodias”.
Así como el señor Sacramento, existen otros abuelos que perdieron a su familia en diferentes circunstancias y por coincidencia de la vida él y el señor Jorge López se han acompañado desde su estancia en el asilo de Atizapán y desde hace 4 años ambos residen en “Las Elodias”.

ABANDONADO A SU SUERTE

¡Les dije que no me enseñaran a manejar aquí!, fueron las palabras que el señor Jorge López escucho luego de ser arrollado por una mujer joven que intento ayudarle a ponerse de pie, pero sus acompañantes se lo impidieron y huyeron de aquel lugar.

FOTO 2. Jorge López – Faceboock Asilo “Las Elodias”

Jorge López nació en un pueblo de Veracruz, muy cerca de la playa y era el hijo de en medio de 5 hermanos. Donde el asegura que puede encontrar a su familia, pero realmente no está seguro de que sus hermanos sigan con vida.

Cuando era muy joven se interesó por la escuela, pero debido a las carencias que tenían en su hogar, se vio obligado por su padre a elegir entre trabajar para comer o estudiar. A pesar de no asistir a la escuela, el señor Jorge se aseguró de aprender algo nuevo y fue así como se acercó al mundo de la lectura, no importaba de qué trataran los libros, lo único importante era no perder aquella costumbre.
Hoy en día con casi 90 años de edad pasa las tardes en el jardín de las Elodias con un par de libros al costado de su silla de ruedas y aprovecha cada momento de silencio y tranquilidad para leer una y otra vez los libros que le han obsequiado.
Cuando Jorge López tenía 25 años, llegó a México junto con su padre. La vida les sonreía y al poco tiempo abrieron una pollería en la Ciudad de México; Jorge se encargaba de llevar los pedidos a las casas y restaurantes de diferentes lugares, les iba bien tanto en el negocio, como en la vida.
Él se sentía cómodo en la ciudad, pero su padre había tomado la decisión de vender el lugar y regresar con su familia a Veracruz, pues consideraba que el señor Jorge era muy joven para hacerse cargo del lugar. Así que se fueron, pero Jorge ya no sentía que Veracruz fuera su verdadero hogar y al poco tiempo decidió regresar a la ciudad de México donde conoció a una mujer con la que procreó 4 hijos.
El señor Jorge fue abandonado por su esposa y con ella se llevó a sus hijos sin decirle nada Lo último que recuerdo de ellos es que la mayor tenía 6 años y el menor apenas caminaba, comentó con la mirada fija en el pasto. Después de eso jamás volvió a ver a Jobana, Brenda, Jorge y otro de sus hijos del cual no logra recordar el nombre.
Vivía haciendo todo tipo de trabajos, él mismo dice ser “un hombre de mil usos”, fue albañil, bolero, chofer e incluso taquero. Así fue como salió adelante sin su familia, pues a pesar de que dos hermanas se fueron a vivir con él, poco tiempo se fueron a Puebla y el señor López quedo totalmente solo en su casa.
Cuando Don Jorge salía de una tortillería, fue arrollado en la colonia de San Juan Ixtacala, donde asegura que pasó mucho tiempo tirado con medio cuerpo sobre la banqueta y la otra mitad en la avenida, la lluvia comenzó a caer y un grupo de chicos pasó y pensaron que era un borracho, aproveché para decirles que eso no era verdad, que me habían atropellado y no podía levantarme, comentó.
El señor López llegó a su casa con ayuda de aquellos jóvenes, pero desafortunadamente su casa se encontraba con candado y no pudo entrar, se quedó afuera por tres días hasta que unas vecinas decidieron llamar al DIF, para que lo pudieran ayudar y se lo llevaran a algún asilo.
Una tarde, mientras el señor Jorge López caminaba cerca de su casa, una camioneta del DIF lo subió y le ofreció la atención médica necesaria para curarlo después del accidente, aquella fue la última vez que vio su casa.
Actualmente, Don Jorge es apoyado por el DIF y el asilo “Las Elodias” donde considera que tiene todo lo necesario, comida, una cama, ropa y sus libros.

Un nuevo comienzo

Dentro de este asilo, Don Jorge y Don Sacramento están sentados en su silla de ruedas, tranquilos. A diario conviven en el jardín frente a su cabaña y platican sobre las experiencias que han tenido a lo largo de sus vidas, y otras que les tocó vivir durante su estancia en el asilo de Atizapán. Estos dos hombres han tomado con calma el ciclo de la vida, incluso concuerdan en que es algo que puede llegar a ocurrir en cualquier momento, aquí las personas ya no le temen a la muerte, yo siempre leo mi biblia, además tenemos un ataúd muy bonito, brillante… hasta da gusto ser velado ahí, comentó Jorge López con una gran sonrisa en su rostro.

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