Un paseo con carreño

 

De: Lic. José Juan Barrientos Maya

En estos días observe la manera en que los jóvenes y los progenitores se comunican entre sí, vaya que me quedé sorprendido cuando una muchacha se refería a una mujer mayor, seguramente su madre con la palabra “guey” y me quedé más sorprendido cuando la mujer devolvía el diálogo con la misma palabra, ante la rutina de quienes hacíamos fila para pagar en un centro comercial.

No creo que el lenguaje otorgue un estatus social, pero sí creo que la manera en que hablamos dice mucho de cómo hemos sido educados, muchos de los problemas sociales que actualmente vive el país, lo he mencionado y muchos coincidirán, es la ausencia de valores, ¿pero de qué valores hablamos, quien los enseña o de donde los recibimos?

Para mí sin lugar a dudas el principal lugar donde los aprendemos, recibimos y practicamos es en nuestro hogar, otro espacio sin duda, para aquellos que tienen algún credo religioso, será sus templos, iglesias o lugares donde se congregan, y el tercer lugar donde como complemento deberíamos obtenerlos serían los colegios.

Todavía recuerdo mis tiempos de adolescente y el día de secundaria cuando en nuestra clase de música, donde pasamos 3 años aprendiendo a interpretar en la flauta dulce algún tema, mi profesor Miguel Carpinteyro, nos solicitó un libro para estudio denominado “Manual de Urbanidad y Buenas Maneras”, la verdad es que era una lectura que se me antojaba aburrida y fuera de época, me imaginaba a los reyes, príncipes y doncellas aplicando estas reglas, sin embargo en el mercado de abasto popular donde trabajaba  desde mis 11 años ayudando en el puesto de mi amigo Rubén, solo se escuchaban albures y groserías, frases que sí me interesaba aprender para no pasar por tonto o santurrón, pero que equivocado estaba, pues han sido maneras y actitudes de gente que se ha ido perdiendo a través del tiempo.

En suma, para poder compartirles lo que hoy creo como una necesidad, el retomar como  saber conducirnos con nuestros semejantes, me lleva a comentarles 2 aspectos que Carreño observa en su libro:

DEL ASEO.

La apariencia en el hombre impecable, no importa que su ropa no sea a la moda o nueva, pero limpia, misma exigencia para su cuerpo deberá mostrarse desde sus oidos, ojos, cuello, cabello, manos y uñas, mucho más riguroso sería en el caso de las mujeres. La limpieza de nuestras prendas aplica para el calzado que deberá lucir brilloso o en su caso limpio de polvo o suciedad. Aunque los tiempos cambian y las modas son cada vez más variadas, nada está peleado con la limpieza.

DEL MODO DE CONDUCIRNOS EN SOCIEDAD.

Desde hace mucho tiempo la costumbre de saludar y respetar a nuestros mayores y aún más a las damas va cayendo en desuso hasta la degradación que raya en la ofensa y agresión, aunque no me considero aún de la tercera juventud, anhelo los tiempos donde el respeto se daba aquí y en cualquier parte, quitarse el sombrero, levantarse cuando se levanta una dama, ceder el lugar preferente a las mujeres, niños y ancianos, era un deber moral y no una exigencia uff! parece que son escenas y argumentos sacados solo de las películas en blanco y negro.

Ese Manual que aún conservo y de vez en vez reviso, aún parece  inspirar a algunos y forzar su aplicación pero ahora sancionado por la leyes penales. En estas fechas mirar a una mujer y lanzar palabras ofensivas “piropos” parece común aunque incorrecto, todo ello previsto por Carreño parece que necesita ser revisado y rehecho a la actualidad, sin perder en ningún momento el cuidar las libertades de las y los mexicanos pero priorizando una sana convivencia en sociedad.

La modernidad no debe estar peleada con las buenas costumbres y con el respeto por los demás, me ha resultado poco lo que pudiera seguir platicando sobre este catálogo, pero es mejor pedirle a usted amigo y amiga, que conozca un poco sobre él y actualicemos si es que es necesario lo que un tiempo se practicó como URBANIDAD Y BUENAS MANERAS.

 

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