Un análisis publicado recientemente en la revista Journal of the American Heart Association encontró que personas que acostumbran a trasnochar y que muestran mayor actividad en las horas nocturnas presentan una incidencia superior de problemas cardiovasculares, incluidos infarto e ictus. El estudio comparó a adultos con diferentes patrones de sueño y halló que quienes se consideran “noctámbulos” tenían un riesgo aproximadamente 16 % más alto de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, en comparación con personas con horarios de sueño más típicos.
La investigación, que incluyó datos de más de 300 000 adultos con una edad media de alrededor de 57 años, también observó que los noctámbulos tendían a mostrar peor salud cardiovascular general. Esta asociación se midió a través de métricas cardiovasculares como presión arterial, colesterol, peso corporal, calidad del sueño, actividad física, dieta y consumo de tabaco.
El análisis indicó que una parte del aumento del riesgo podría estar relacionada con conductas vinculadas al estilo de vida de quienes se quedan despiertos hasta tarde, como menor duración y calidad del sueño, hábitos alimenticios irregulares y mayores tasas de tabaquismo. Además, los patrones de sueño tardío pueden reflejar una desalineación entre el reloj biológico interno y los ciclos naturales de luz y oscuridad, lo que influye en funciones fisiológicas clave.
Los resultados mostraron diferencias en cómo estos patrones se manifiestan entre grupos poblacionales, con efectos más marcados en mujeres. Los autores del estudio sugieren que, aunque el cronotipo nocturno no sea una condición de salud en sí misma, los factores asociados a él pueden ser modificados para disminuir los riesgos cardiovasculares a largo plazo.
