La industria textil en México atraviesa un estancamiento tecnológico marcado por procesos productivos tradicionales y una limitada adopción de maquinaria y sistemas modernos, lo que ha dificultado la competitividad frente a mercados extranjeros con mayor innovación, según análisis sectoriales. El rezago se ha traducido en una brecha con respecto a productores globales que incorporan materiales avanzados y automatización en sus cadenas de valor.
Expertos del sector han señalado que la falta de inversión en tecnología y la dependencia de mezclas tradicionales de fibra han reducido las oportunidades de México para responder a las demandas de telas funcionales, sostenibles y con trazabilidad, productos que requieren capacidades productivas que aún no se han desarrollado plenamente en el país. Esta situación coincide con una caída acumulada de la producción textil y de confección en años recientes.
El incremento de importaciones de textiles y prendas de bajo costo, especialmente de países asiáticos, ha presionado adicionalmente a las empresas nacionales, impactando la utilización de la capacidad instalada y limitando la rentabilidad, lo que a su vez ha frenado inversiones en modernización y automatización.
Ante este contexto, representantes industriales y autoridades han explorado medidas como aranceles a importaciones de ciertos productos para aliviar la presión de la competencia externa y abrir espacio para fortalecer la producción local, al tiempo que se debate la necesidad de políticas públicas que impulsen la adopción de tecnología y la integración de cadenas productivas más eficientes.
