Documentos internos citados por Bloomberg indican que Amazon Web Services (AWS) opera más de 900 instalaciones de centros de datos en más de 50 países, una cifra que supera ampliamente el conocimiento público sobre su infraestructura. Según el reporte, estas instalaciones no se limitan a los campus tradicionales de gran escala, sino que incluyen una red extensa de ubicaciones distribuidas que permiten a la empresa sostener el incremento en la demanda de servicios de computación en la nube y cargas de trabajo asociadas a inteligencia artificial.
El informe detalla que una gran parte de estas instalaciones corresponde a sitios de colocación, espacios donde AWS arrienda capacidad dentro de infraestructuras operadas por terceros. Esta estrategia facilita expandir la oferta de servicios en mercados donde no sería viable construir centros de datos completos y permite a la compañía reducir los tiempos de despliegue, mejorar la latencia para usuarios locales y escalar con rapidez su infraestructura dirigida a operaciones de IA.
La amplitud de su presencia global también genera cuestionamientos en materia de sostenibilidad energética, regulación ambiental y supervisión técnica. El número creciente de instalaciones implica mayor consumo eléctrico y puede intensificar la presión sobre redes locales y marcos regulatorios, especialmente en regiones donde la expansión de servicios de IA requiere infraestructura de alta capacidad. Los especialistas señalan que, aunque el modelo distribuido favorece la eficiencia operativa, también obliga a fortalecer mecanismos de control ambiental y de gobernanza tecnológica para garantizar que la expansión se mantenga dentro de estándares internacionales.
