CUATRO MESES PARA EL MILAGRO: EL ESTADIO AZTECA LUCHA CONTRA EL RELOJ

A 100 días del arranque de la Copa Mundial de la FIFA 2026, el histórico inmueble de Santa Úrsula vive una transformación contrarreloj. Entre polvo, excavadoras y varillas, trabajadores avanzan “a marchas forzadas” para cumplir con los plazos de entrega en uno de los escenarios más emblemáticos del futbol mundial.

La puerta 1, sobre calzada de Tlalpan, es el único acceso habilitado. El ingreso está estrictamente controlado: credenciales, nombres y áreas de trabajo. Nadie ajeno al proyecto cruza el umbral. Afuera, la explanada es un ir y venir de carretillas con cemento, cubetas de pintura y estructuras metálicas que se distribuyen con precisión casi coreográfica.

Un muro de madera y paneles de aluminio resguarda las obras. Sobre la fachada ya aparece el nuevo nombre comercial, Estadio Banorte, mientras camiones descargan acero y materiales de gran tamaño. Desde el puente de Tlalpan, peatones y curiosos intentan asomarse al interior; apenas distinguen la silueta del “Citlali”, la estructura de 26 metros, rodeada ahora de escombros y maquinaria pesada.

En lo alto, el techo comienza a recibir paneles rojos acordes con la nueva imagen. Desde una vista aérea, el césped híbrido luce impecable, pero a nivel de gradas aún faltan butacas por colocarse. El contraste entre lo terminado y lo pendiente evidencia la presión del calendario.

No hay ambiente festivo todavía, sino urgencia. El reloj invisible que mencionan los obreros corre más rápido que la cuenta oficial. El reto no es menor: que el estadio que ya fue sede de dos Copas del Mundo esté listo para recibir una tercera. El milagro, dicen quienes cargan pintura y cemento bajo el sol, es terminar a tiempo.

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