Un petrolero ruso averiado se encuentra a la deriva en el mar Mediterráneo, cerca de las costas de Italia, generando preocupación internacional ante el riesgo de un posible desastre ambiental de gran escala.
La embarcación, identificada como Arctic Metagaz, quedó sin control tras un presunto ataque con drones ocurrido a inicios de marzo, lo que obligó a evacuar a su tripulación. Desde entonces, el buque navega sin rumbo entre Sicilia y Malta, arrastrado por las corrientes.
El principal riesgo radica en su carga: el petrolero transporta cientos de toneladas de combustible y gas, lo que lo convierte en una “bomba de tiempo” en caso de fuga o explosión. Autoridades italianas mantienen vigilancia constante con unidades navales listas para intervenir ante cualquier emergencia.
Además, el buque forma parte de la llamada “flota fantasma” rusa, utilizada para evadir sanciones internacionales, lo que complica su atención en puertos europeos y aumenta la incertidumbre sobre cómo manejar la situación.
El caso ha encendido alertas porque incidentes similares en el pasado han provocado graves crisis ecológicas, afectando miles de kilómetros de costa y ecosistemas marinos. Por ahora, el objetivo es evitar que este petrolero se convierta en una nueva catástrofe ambiental en el Mediterráneo.
