La Super Bowl 2026 se acerca, y junto con el evento deportivo más visto en Estados Unidos, ha crecido una discusión pública entre figuras del entretenimiento y la política. El espectáculo de medio tiempo tendrá lugar el 8 de febrero de 2026 en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, y será encabezado por el artista puertorriqueño Bad Bunny, la primera vez que un cantante latino y hispanohablante actúa como solista en este segmento del evento.
La polémica comenzó desde el anuncio de la participación de Bad Bunny. Algunas figuras políticas conservadoras y comentaristas criticaron la elección del artista, señalando su música mayoritariamente en español y sus posturas previas sobre temas como la inmigración en Estados Unidos.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que no asistirá a la Super Bowl 2026. Aunque mencionó que la ubicación del estadio le quedaba “demasiado lejos”, también criticó la selección de Bad Bunny y la banda Green Day, que actuará en otras partes del evento, diciendo que está “en contra de ellos” y calificando la elección como mala y divisiva.
Este intercambio ha reforzado un debate más amplio sobre cómo eventos culturales como la Super Bowl pueden convertirse en espacios de discusión política. Por un lado, hay quienes ven la selección de artistas como un reflejo de diversidad cultural. Por otro, hay personas que consideran que debería haber otras opciones musicales que representen distintos valores culturales o políticos.
La Super Bowl sigue programada como uno de los acontecimientos televisivos más grandes del año, y la atención no solo está en el juego de fútbol americano, sino también en cómo el espectáculo y los comentarios de figuras públicas generan conversaciones sobre identidad, cultura y política en Estados Unidos.
