Redacción / Énfasis Comunicaciones
En redes circula un texto que atribuye al Nobel de Física 2020, Roger Penrose, la afirmación de que la conciencia no termina cuando el cuerpo muere porque la información no se destruye. La historia es poderosa, pero mezcla datos reales con una conclusión que el físico nunca ha publicado.
¿Quién es Penrose y qué sí ganó?
Sir Roger Penrose, matemático de Oxford, ganó el Nobel de Física 2020 por demostrar con la relatividad general que la formación de agujeros negros es inevitable. Fue colaborador cercano de Stephen Hawking en los teoremas sobre singularidades en los años 60 y 70.
¿Qué teoría tiene sobre la conciencia?
Desde 1996 trabaja con el anestesiólogo Stuart Hameroff en una hipótesis llamada Orch-OR (Reducción Objetiva Orquestada).
Su planteamiento rompe con la neurociencia clásica:
- La conciencia no emergería solo de la conexión eléctrica entre neuronas.
- Ocurriría dentro de las neuronas, en los microtúbulos, estructuras del citoesqueleto celular.
- Ahí se producirían estados de coherencia cuántica que colapsarían de forma objetiva. Ese colapso sería el instante consciente.
Es una hipótesis publicada en revistas científicas, pero minoritaria y muy criticada. El principal cuestionamiento es que el cerebro es un entorno caliente, húmedo y ruidoso, donde la coherencia cuántica se destruiría en fracciones de segundo.
¿De dónde sale lo de que la conciencia queda en el universo?
Penrose nunca escribió un artículo científico diciendo que hay vida después de la muerte. En entrevistas divulgativas, Hameroff y, en menor medida, Penrose han especulado: si la conciencia fuera información cuántica en microtúbulos, y si la mecánica cuántica dice que la información no se destruye, entonces, al morir, esa información no se aniquilaría, sino que se disiparía en el universo.
Pero en física, «la información no se destruye» no significa «la personalidad se conserva». Significa que el estado cuántico total no se pierde de forma reversible. Es como quemar un libro: en sentido físico, la información de la tinta no desaparece del universo, pero el libro ya no se puede leer. La información se vuelve irrecuperable y dispersa.
Hasta hoy no hay experimento que demuestre que la conciencia sobreviva a la muerte cerebral. Orch-OR sigue sin comprobación experimental.
La intuición de que alguien sigue presente después de partir es profundamente humana, pero no tiene hoy respaldo en un Nobel. Lo que Penrose sí deja es una pregunta incómoda para la ciencia: quizá aún no entendemos qué es realmente la conciencia.

