Por Leopoldo Mendívil López
Este giro de la historia comenzó sorpresivamente cuando Melania Trump apareció ante la prensa para declarar que “todas las acusaciones de vínculos” de ella con el pederasta Jeffrey Epstein “son falsas”, y que “esto debe terminar ya”. Lo sorpresivo fue que en ese momento nadie estaba hablando sobre el tema “Epstein”, debido a la guerra USA-Irán y a la “tregua” apenas acordada por su esposo con Irán, para “descanso del mundo”. Más aún: nadie había acusado a Melania Trump por conexiones con “Epstein”.
La pregunta del mundo fue “WTF?”
El peine fue saliendo días después, de forma portentosa y escandalosa. La despampanante ex modelo brasileña Amanda Ungaro –ex amiga de la Primera Dama- publicó mensajes perturbadores en “X” –que fueron borrados (ver Newsweek 2026/04/13/JoshuaRhett)-: “Yo sé quiénes son tú y tu esposo, Melania”, “Yo voy a decir todo lo que sé”, “No tengo nada más qué perder en la vida”, “voy a derrumbar todo el sistema”, “te cuidado conmigo, ‘bitch’”, e “investiguen al investigador”. En el intercambio salió a relucir la forma en que Melania conoció a Donald Trump en el “Kit Cat Club”.
Paralelamente, el nuevo Papa, Robert Francis Prevost Martínez –llamado hoy “León XIV”-, llevaba ya semanas comenzando a convertirse en otro huracán para el Régimen Trump. El 9 de enero, tras el derrocamiento de Nicolás Maduro por los “Night Stalkers” americanos, dijo públicamente: “La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo reemplazada por una diplomacia basada en la fuerza”.
La respuesta del gobierno Trump fue, para ojos de muchos, aterradora. El subsecretario de Guerra de los Estados Unidos, Elbridge Colby –nieto del jefe de la CIA de Nixon y Ford, Willam Colby-, citó al Nuncio Apostólico del Pontífice en un lugar extremadamente inusual, al que ningún diplomático del Vaticano había sido citado antes: el Pentágono.
El Nuncio Christophe Pierre –quien para estas alturas ya renunció al cargo-, fue conducido a la reunión el 22 de enero, en la cual el subsecretario Colby –a decir del The Free Press 2026/04/06/ Mattia Ferraresi-, le hizo saber que los Estados Unidos “tienen el poder militar para hacer lo que quieran, y que la Iglesia le convendría mejor ponerse del lado de America”; y otro oficial le hizo a Pierre –quien fue Nuncio en México de 2007 a 2016- un comentario verdaderamente inquietante.
Le hizo recordar el periodo histórico llamado “El Papado de Avignón”. A quien no lo tenga en la memoria: el 7 de septiembre de 1303, el rey de Francia, Felipe IV “El Hermoso”, encolerizado por las actitudes insumisas del entonces Papa Bonifacio VIII, lo hizo secuestrar y torturar por medio de su agente Guillermo de Nogaret (con la complicidad de Sciarra Colonna). Lo tuvieron a golpes durante tres días, y el Pontífice murió al mes del tormento. Su sucesor, Benedicto XI, murió “súbitamente” ocho meses después –hasta hoy no hay pruebas de que lo envenenó Nogaret-. El rey francés se encargó de que el siguiente papa fuera un francés: su amigo de la infancia Bertrand Raymond de Got, que estaba en Francia (Bordeaux). Su nombre sería “Clemente V”, y su primera misión –al servicio del Rey Felipe- sería nombrar muchos cardenales franceses, para que estos a su vez votaran que la sede de la Iglesia se transfiriera de Roma a Avignon, Francia, donde el rey francés tendría ahora bajo su control a la Iglesia Católica, como un nuevo “Constantino”. Él mismo decidiría a los futuros papas.
El banquero Giovanni Villani –testigo del Cónclave- afirmó que Got y el rey habían pactado, antes de la elección, lo que se haría tras su nombramiento. El 13 de octubre de 1307 Felipe se encargó de los enemigos que le quedaban en Europa: los Templarios. Por medio de Clemente los acusó de usura y herejía, y esa mañana, en forma simultanea, los policías secretos del rey abrieron los sobres, con la orden de exterminar a la orden templaria. De una forma análoga expulsó a los judíos a quienes debía dinero. No contento. Felipe pidió a Clemente que abriera un juicio por herejía contra el ahora difunto Bonifacio, a quien había hecho torturar y matar.
Así se inició el “Papado de Avignon”, cuando el rey de Francia mantuvo secuestrado en su país al gobierno de la Iglesia, para controlarla. Este secuestro duró setenta años. Siete papas franceses. Al término de estos setenta años, la Iglesia misma se rebeló y ocurrió el “Cisma de Occidente”: una guerra civil entre papas romanos y papas franceses.
Este es el episodio que aparentemente le contó en el Pentágono el oficial del subsecretario Elbridge Colby al Nuncio Papal Christophe Pierre, quien debió escuchar horrorizado.
¿Era una amenaza?
Como resultado: el Papa León XIV canceló su proyectada visita a Washinton -estaba prevista para el 4 de julio, festejo del 250 aniversario de la “Independencia de los Estados Unidos”. Había sido invitado por el vicepresidente J. D. Vance (converso-católico). Le dijo que mejor iba a estar ese día en la isla Lampedusa, en el Mediterráneo, ayudando a los migrantes que vienen de África.
La guerra de declaraciones fue escalando más y más. En un momento dado, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, para justificar ante el público norteamericano las acciones militares estadounidenses contra Irán, invocó a la Biblia. Dijo: “Bendito sea el Señor, mi roca, que adiestra mis manos para la guerra” (Salmo 144:1); y “Violencia abrumadora de la acción contra aquellos que no merecen misericordia” (Salmo 18); y “Quebrar los dientes de los impíos” (Salmo 3:7).
El Papa León XIV reaccionó de imediato. En el avión dijo que la Biblia no debe usarse para justificar la violencia: “Dios ignora las oraciones de los líderes que hacen la guerra y tienen las manos llenas de sangre”.
Ahora ya era personal. El “León” había despertado –después de un año de virtual silencio tras su elección-. En esta misma columna habíamos vaticinado, desde la elección misma, que el Papa León XIV iba a redoblar la acción del Papa Francisco en su combate contra Trump -algunos ingenuamente decían que Trump mismo había hecho elegir a Prevost. Aquí se les dijo no era así, y que Steve Bannon, uno de los “cerebros” detrás de Trump, dijo en entrevista a Piers Morgan que la elección de Robert Prevost Martínez sería “lo peor” que podría pasarle al movimiento MAGA, y que “alguien” estaba moviendo la candidatura de Prevost “bajo la mesa” como “caballo negro”, precisamente para afectar a Donald Trump.
León XIV, el Papa latino –pues a pesar de ser estadounidense tiene sangre latina: ancestros de España, Francia, Sicilia y Cuba; y vivió dos décadas en Perú-, en su tono suave y modesto, continuó arremetiendo conta el “Presidente Naranja”: “No creo que el mensaje del Evangelio deba ser mal utilizado de la manera en que algunas personas lo están haciendo”; y “¡Basta de la idolatría del yo y del dinero!”; y “¡Basta de la exhibición de poder! ¡Basta de guerra!”.
Encabritado, el presidente Trump –bajando del avión, en la oscuridad de la noche-, dijo a los reporteros: “No soy fan del Papa León. Es débil contra el crimen. Es terrible para la política exterior. Es un liberal. Es muy de izquierda. ¿Acaso quiere que Irán tenga armas nucleares? ¿Acaso quiere que Irán destruya al mundo? El papa León es débil.”
En su respectivo avión, el Papa León respondió así ante la prensa: “No tengo miedo de la Administración Trump. No voy a entrar a un debate político con el Presidente. Pero no me voy a callar. Voy a seguir hablando sobre el Evangelio. Alguien lo tiene que hacer.”
Para este momento, los católicos en el gabinete de Trump –específicamente el vicepresiente Vance, el canciller Marco Rubio y la Primera Dama Melania-, guardaron aún un pruedente silencio sobre la contienda Trump-León.
La culminación fue la noche del domingo, Abril 12, 2026, cuando el Presidente publicó en su red “Truth Social” una imagen de sí mismo, generada con Inteligencia Artificial, con los ropajes de Jesucristo, con radiación luminosa saliendo de sus manos para curar a un enfermo, con águilas y ángeles y aviones en el cielo, sobre su cabeza. La imagen se llamó “Trump the Healer”.
El público aborreció esta imagen. La tuvo que eliminar. Los periodistas lo cuestionaron en la Casa Blanca: “¿Por qué se publicó a sí mismo como Jesucristo?” y “¿Por qué borró el post?”. Respondió: “Confié en los que hicieron el diseño. No aparezco como Jesucristo. Aparezco como médico,” y sonrió. “Son los medios los que deforman todo, con sus Fake News”.
Aquí tenemos que detenernos por un momento. Donald Trump ganó la presidencia gracias al voto católico. El 55% de los católicos votó por Trump. Los católicos son el 20% de la población de los Estados Unidos, y, debido a lo fragmentada que está la población protestante, los católicos son la denominación más grande en ese país. ¿A quién van a apoyar ahora, cuando se han desatado los “catorrazos”? ¿Apoyarán a su presidente, o a su Pontífice?
Tenemos que meternos a la “radiografía” de ese 20%: ¿Cómo son realmente los católicos de los Estados Unidos? Lo primero que resalta es que de ese grupo, 36% son hispanos, 57% son “católicos blancos”, 4% asiáticos y 2% afroamericanos. En las encuestas la línea divisoria es clara: son dos grupos básicos: “White Catholics” e “Hispanic Catholics”.
Si nos metemos con lupa al grupo llamado “White Catholics” vamos a llegar a un subgrupo con el que se topó el papa León XIII hace más de cien años. Ese núcleo, gente de poder anidada en Nueva Inglaterra: Massachusetts, New Jersey, Connecticut, Rhode Island y New York; estaban en esos tiempos incubando algo que el entonces pontífice León XIII calificó como herejia: el “Americanismo”. Ese “Americanismo” tenía que ver con una “arrogancia”, con la “creencia de una superioridad” por parte de los católicos ricos norteamericanos; y con el “individualismo”.
Hoy esos católicos blancos tienen un líder en el llamado “Papa Americano”: Raymond Leo Burke, el máximo enemigo que tuvo el Papa Francisco hasta el día de su muerte. Raymond Burke considera que los homosexuales cometen pecado mortal, igual que los que votan por el Partido Demócrata. Según el Director del Centro Leonard E. Greenberg de Estudios de Religión, Mark Silk, el Cardenal Raymond Burke hoy comete la herejía del Americanismo que hace un siglo condenó el Papa León XIII.
Ahora va quedando cada vez más claro por qué el papa Robert Prevost Martínez se llama “León XIV”.
El grupo de Raymond Burke –al que perteneció el mexicano Norberto Rivera- escribió cartas llamadas “Dubbia” o “Dudas” en las que se confrontaban públicamente al Papa Francisco, acusándolo de “desviar la doctrina cristiana” al favorecer causas sociales y de igualdad de género. Por debajo del agua, movimientos ligados a esta ala “ultra-conservadora”, promovieron en redes sociales rumores de que Francisco era en realidad un “comunista”, un “Anti-Papa”, un “hereje”.
Dentro del sector más extremo dentro de este grupo, alineado con la llamada “Sociedad Sacerdotal Pío X”, hay católicos convencidos de que papas como Juan XXIII y Pablo VI fueron en realidad masones disfrazados que infiltraron la Iglesia con objeto de destruirla “desde adentro”; y que Juan XXIII llegó al poder pervirtiendo el cónclave de 1958, en el que –ellos afirman- otro hombre ganó realmente, y se le apartó del poder, y habría pasado a la historia como “Gregorio XVII”. Según ellos, todos los papas desde Juan XXIII hasta León XIV, son “espurios”. Para radicales como Malachi Martin e incluso el difunto exorcista de la Santa Sede, Gabrielle Amorth, la Iglesia hoy está “tomada por el demonio”. Esta guerra dentro de la Iglesia es el transfondo de mi libro “Secreto Vaticano: los Enemigos del Papa Francisco y la muerte de Juan Pablo I” (Grijalbo).
Como resumen: existe dentro de los Estados Unidos un núcleo de alto nivel dentro de la propia Iglesia Católica que considera que ni siquiera los hombres sentados en el trono papal son la verdadera y genuina autoridad de Dios sobre la Tierra, ya que “la sede está tomada”. La “sede está vacante”. Para ellos, los actuales papas son “liberales”, “socialistas”, “modernistas” y “de izquierda”, que en lo general están destruyendo la verdadera enseñanza de la Iglesia, la cual debe ser rescatada.
El líder de quienes ven así al Vaticano, Raymond Leo Burke -ex enemigo de Francisco-, es uno de los mejores amigos de Steve Bannon, el amigo de Trump que dijo que Robert Prevost Martínez sería “lo peor que podría pasarle al movimiento MAGA”. ¡El núcleo católico del movimiento MAGA de Trump se alínea con esta corriente! Para ellos el papa Francisco era un comunista, un “hereje” un indigno de ser Papa. Y ahora el Iceberg comienza a emerger, ahora contra Robert Prevost Martínez, el Papa León XIV.
Es una misma guerra que en realidad tiene un siglo de antigüedad, en a que combatió León XIII.
En junio de 2025 Raymond Leo Burke se aproximó arrastrando sus zapatillas hacia el ahora nuevo Papa Prevost Martínez. Burke llevaba años “apartado del paraíso” debido a sus confrontaciones con Francisco. Francisco incluso le había quitado el sueldo de cardenal retirado (2023/11/28/JasonHorowitz). Burke le pidió humildemente a León XIV que rescindiera una orden de Francisco, y que permitiera de nuevo las misas en latín.
¿Por quién se va a inclinar el núcleo duro católico-blanco que votó por Trump? ¿Apoyarán a su nuevo papa, León XIV, a quien Trump califica de “izquierdista” y “liberal”? ¿O apoyarán mejor a Trump, el cual, a pesar de ser protestante, casinero y tachado de supuestas conductas sexuales inadecuadas aún-no-comprobadas; tiene una esposa católica y está alineado con la causa ultra conservadora de los católicos blancos estadounidenses, representada por Raymond Burke y Steve Bannon, que buscan el “rescate” de una Iglesia a la que consideran “desviada”?
Aquí vuelve a cobrar sentido la imagen IA que Trump publicó presentándose como “Jesucristo” curando a enfermos. Se plantea como “la opción”. Ya la borró pero ya la vieron millones. Ya se había presentado antes como “Papa” en un post previo, también generado con inteligencia artificial. ¿Acaso Trump se ve a sí mismo realmente como autoridad espiritual, o es simple humor?
La reacción en su contra ya comenzó. El pastor evangélico Loran Livingston, de Charlotte, Carolina del Norte, dice que la “Biblia de Trump” es una “blasfemia”. Los arzobispos católicos Shelton Fabre de Louisville y George Leo Thomas de Las Vegas dicen “gracias a Dios por enviarnos al Papa León XIV, quien está dispuesto a decir la verdad”. Los obispos Robert Barron, de Winona-Rochester, y Kevin C. Rhoades, de Fort Wayne-South Bend, dicen: “Al igual que el arzobispo Coakley, también nos sentimos desanimados por las palabras despectivas del presidente Trump sobre nuestro Santo Padre. El Papa León XIV es un mensajero del Evangelio.” El cardenal Joseph Tobin dijo en el programa “60 Minutos”: “León XIV es el pastor del mundo”.
Todo esto parece un eco de lo que pasó en la Alemania nazi a partir de 1933. Los católicos –el partido Zentrum de Ludwig Kaas- fueron los responsables –y culpables- de lleva a Hitler al poder, cuando aceptaron la alianza que les propuso el exjefe de espionaje alemán en México, Franz von Papen (Pronto: “Secreto Nazi” – Grijalbo). Encubraron a Hitler e inmediatamente lo pagaron con sangre. El partido católico Zentrum fue prohibido. El líder católico Erich Klausener fue asesinado. Los católicos comenzaron a ser perseguidos, lo mismo que los judíos. Los pastores evangélicos, obligados por Hitler a formar parte de su “Iglesia Alemana”, organizada por el Estado, se rebelaron. El pastor Martin Niemöller exclamó: “Cuando vinieron por los judíos no hice nada. Cuando vinieron por los católicos no hice nada. Cuando vinieron por mí, ya no había nadie que me defendiera. Tenemos que defenernos todos a todos”.
El 29 de abril de 2025, Trump ya había bromeado con lo de ser “Papa”. Dijo: “Me gustaría ser Papa. Esa sería mi Número Uno”. Lo dijo apenas terminado el funeral del Papa Francisco. Y dijo que su verdadero “gallo” era Timothy Dolan, el arzobispo de Nueva York.
Es obvio que Donald Trump no quiere ser “Papa”, ni vestir sotana, ni ser célibe. Lo que quiere es “controlar”. Quiere el poder. ¿Ser como Felipe IV de Francia? ¡Ser como Constantino el Grande! (Para los que quieran asustarse, por favor vean la cara de Felipe IV en los retratos – ¡Se parece a Trump!)
No es cosa nueva el que un monarca quiera controlar a las religiones. Se ha hecho por miles de años, desde los tiempos de Mursili, rey de los hititas. De eso se tratan “Secreto Vaticano” y “Secreto Biblia” (Grijalbo), y pronto “Secreto Nazi” y “Secreto León XIII”.
Pero… en el caso de los católicos existe toda una serie de profecías sobre un ente que se apodera del Vaticano, o de la Iglesia, y que “engaña a millones”, y suplanta de momento al “Papa”. Hay cuatro formas de esa profecía: el Tercer Secreto de Fátima, la Profecía de Melanie (La Sallete), la Profecía de Malaquías, y el propio Libro del Apocalipsis.
Profecía de Malaquías: “Pedro el Romano [presunto último Papa antes del Apocalipsis], quien apacentará a las ovejas entre muchas tribulaciones: conocidas estas cosas la ciudad de las siete colinas será abatida, y el temible Juez juzgará a su pueblo. Fin.”
Profecía de Melanie: “Cuídense de Napoleón [o “un caudillo”]; querrá ser a la vez Papa y emperador: es como el águila que, queriendo siempre enaltecerse, caerá sobre la espada que pretendía usar para obligar a los pueblos a enaltecerlo. En el año 1864, Lucifer, con un gran número de demonios, será liberado del infierno; abolirán la fe poco a poco.” [Esto afortunadamente no pasó : D ].
Tercer Secreto de Fátima [una de las versiones]: “el Santo Padre, y otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subirán una montaña, en cuya cumbre hay una gran cruz de maderos […] El Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesará una gran ciudad en ruinas […] llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz fue muerto por un grupo de soldados […]”
Libro del Apocalipsis [en su capítulo sobre el “Falso Profeta”]: “La gente adorará al dragón porque le había dado autoridad a la bestia, y también adoraban a la bestia y preguntaban: «¿Quién es como la bestia? ¿Quién puede luchar contra ella?» A la bestia se le dio una boca para proferir palabras arrogantes y blasfemias, y para ejercer su autoridad durante cuarenta y dos meses. Abrió su boca para blasfemar contra Dios, para calumniar su nombre. Se le dio poder para luchar contra el pueblo santo de Dios y para vencerlo. Y se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. Todos los habitantes de la tierra adorarán a la bestia.”
Se trata de literatura y no realmente de “profecías”, pero ¿si lo fueran realmente? ¿Y si tuvieran que ver con el momento presente? ¿De qué lado se pondrán los católicos estadounidenses, si el conflicto Trump-León XIV escalara mucho más? (Lo cual no parece probable ni conveniente para Trump) ¿Se pondrían del lado de su Pontífice, o del lado de un presidente como Donald Trump?
Y sobre Melania y su enemiga brasileña… hablaremos en la siguiente columna

